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Ya no más

No me gustan muchas cosas de mi vida, siento que no supe diseñar mi felicidad, no me siento bien. No encajo, perdí mi puesto, perdí mi horizonte, perdí mi cielo. Me aburro con frecuencia, siempre debo vivir con lo que me tocó, siempre tengo que crear para ayudar a los demás. Siempre comparto mis pensamientos, mis ejecuciones, regalo mi paz. Nadie valora mi paz, nadie valora mis ideas. Sólo amo a mi gata, sólo ella me escucha, sólo ella me mira. Odio ese puto martillo que suena encima de mi techo. Odio haberme entregado a mi automedicación, odio tener que vivir una vida que me toca por no preocupar de más a mamá. Nunca pude elegir, a pesar de las opciones, me condicionaron a no elegir. Me condicionaron a chocar contra todo. A conseguir mis cosas a escondidas, como si hubiera nacido malo, me cambiaron el anhelo por la culpa. Odio ser feliz sólo cuando nadie habla, cuando el sol está lejos, cuando las demás mentes se apagan.  Me odio por no haber sido valiente, me detesto y me siento ...

¿Cómo se aman las serpientes?

 ¿Cómo se aman las serpientes?  Tienen tanto cuerpo para rozarse,  toda la tierra para esconderse  y besarse entre el pasto,  o en un árbol, en el agua.  Qué delicia de amor,  ninguna encima de la otra.  Tal vez no se amen como imagino,  pero qué lindo imaginarlo.  ¿Cómo les brillará la piel? Dejarán el rastro en la selva,  se encontrarán en el risco y dividirán su andar.  ¿Cómo haré yo para amarte tanto?  Si no tengo ni un centímetro de ti,  si no está tu mirada de búho,  ni tus labios de porcelana.  Qué difícil buscarte en sueños y recuerdos,  recoger migajas de tu vida.  Dividir mi camino y decirte adiós. 

Solo tuvimos una noche

Solo tuvimos una noche, una noche juntos y nuestra última. Una noche con pólvora, acordeones y ojos.   La tuve una noche y le susurraba: preciosa.  Una noche de negro, ambos, los ojos también, el pelo, el vino, ámbar el negroni. Cada minuto fue nuestra, y cada segundo siguiente: del aire, del recuerdo, del olvido.  Tal vez fueron muchas más, pero solo recuerdo esa noche. La noche en la que más la amé. 

Me lo encontré

No la quise mejor que cualquiera, pero la quise más de lo que llegué a querer a alguien. Me sobraba tiempo cuando a ella le faltaba compañía. Tampoco podía ser de otra forma. Verla era recrear el paraíso en tu mente, sólo que podías ver tu imaginación dándole forma a su cuerpo, y luego descubrías que no estabas soñando. Ya ni pellizcarse en secreto servía. Cuando la veías, te dabas cuenta de que el amor, la ternura, la sencillez, el futuro, la esperanza… de que todo eso, todo lo bonito, estaba dormido entre sus brazos. Y la mirabas como si nunca hubieses visto un atardecer hecho mujer. Yo la tocaba y mis manos parecían recorrer una nube en el cielo. Era real y fue mía. Durante un instante. Un instante que duró casi un segundo, para luego ser del mundo y alejarse a una distancia desesperante. Nada me hubiese gustado más que se quedara a mi lado, como si me regalase su vida y entrelazase entre mis dedos los versos de su poema favorito. «No te engañes —me dijo una vez—. Ni el amor es tan ...

El día de la muerte de mi papá

De verdad admiraba a mi papá. Era un personaje que hace parte de la historia de mi ciudad, de mi vida y así nunca haya vivido conmigo, puedo contar lo admirable que fue. Recuerdo que solía usar servilletas para hacerme dibujos, con un esfero del cuál se sentía orgulloso y que salía del bolsillo de su camisa.  Montado en sus grandes carros, le encantaba andar, preguntar, conocer personas. su rico perfume olía a aventura, amaba a los animales más que a su vida. Nunca creí en Papá Noel, en el fondo mi hermano y yo sabíamos que sólo él era capaz de sorprendernos con algún regalo memorable.  Nos llevaba al paraíso si era necesario; rara vez nos decía que no. Sí a todo: sí a comer arroz chino hasta reventar, sí a los mejores tenis, sí a largas horas paseando, sí a pasteles en La Dacha, sí a balones de fútbol, sí al cine, sí a manejar sus carros, que fuera cual fuera, para nosotros siempre era el mejor, la joya de la corona. Sí al presente, sí a vivir felices sin el peso del pa...

Nunca dejo de pensarte

 Nunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarteNunca dejo de pensarte. Isa. 

Es aquí donde escapo

 Es aquí donde salí corriendo, aquí yace el suicidio de un mal día, de una conversación oscura. En estas líneas nadie existe, ni mi ego, ni el dolor que siempre me acompaña. Ojalá saliéramos de este cuerpo y existiéramos sin tanto peso.