sábado, 25 de abril de 2015

Carta a Dios por temas muy específicos

Compadre, creo que nos conocemos harto, desde que tenía uso razón me le he arrodillado, implorado, llorado, agradecido, etc, etc. He intentado seguir casi desjuiciadamente sus sacramentos, pero ahí vamos.
Esta vez no quiero pedirle nada, más que disculpas. Si, unas sinceras y acaloradas disculpas, mi Rey, no se donde está el botón de la tolerancia, de la humildad. Yo la amo AMIGO, usted más que nadie lo sabe. Hice por ella lo que nunca he hecho por una mujer y ella por mí. Pero compadre me has hecho muy  diferente a Ella, a su entorno, a su familia! Y su manera de improvisar el día a día. Perdóname pero no me acostumbro. Amo su comprensión hacia mí, su cariño, su manera de hacer el amor me enloquece, jamás me empalaga, me enamoran sus ojos rabiosos, sus labios rozando los míos y otras partes donde poco da el sol. Pero Dios, no la imagino ni quiero tener la vida improvisada que ella y su familia acostumbran a llevar. Son genéticamente amables pero oscuramente desordenados, tienen muchos hijos, sobrinos, primos, nietos, son máquinas de hacer hijos! Y todos pretenden vivir condensados, amarrados uno al otro, viven el día a día sin rumbo fijo, como las balas de un fusil con balas de salva. Cocinan delicioso, pero su cocina casi nunca está limpia, son una mezcla rara: gusta y disgusta.
Me da pánico pensar que Angela tenga nuestra naturaleza, la de ambos, la mala, quisiera que extrajera lo mejor de cada uno. Sólo te pido que si ella es la mujer de mi vida, me concedas alguna de estas dos grandes hazañas: Reprograma su manera de ejecutar la vida o enseñame a tolerarla.

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